Ceder / Eman

Ella se mantenía justo a la orilla, casi colgada, rodeada de un gran espacio.

El azul del cielo la invadía, el aire circulaba en su cabeza hueca, sólo le faltaba ceder,

dejarse llevar, y el ronquido del torno no cesaba, como una voz furiosa que la llamaba.

 

 

 

Madame Bovary, Gustave Flaubert.

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